Pensar el espacio escénico en la danza

He estado leyendo las “diez sugerencias para uso de un espacio escénico” por Sylvia Bofill y no puedo dejar de pensar que aunque el texto está escrito principalmente para teatro, es lectura obligada para los gestores de danza y el arte del movimiento.

El espacio escénico debe activar la experiencia tridimensional y los sentidos de su audiencia. (Recordemos que el teatro es una experiencia auditiva, visual, intelectual emocional y física).

A veces las piezas de danza están tan enfocadas en bailar, en demostrar alguna proeza física o ritmicalidad que se pierde la idea de armar una experiencia a ser compartida con el público. Entre paso y paso a veces se pierde la idea de que la pieza no se acaba cuando la coreografía está hecha, como si las luces y el espacio fueran mero “frosty” para el pastel. Si bien la danza no tiene porqué ser narrativa (y de hecho este estar fuera del marco del lenguaje hablado puede ser su mayor fortaleza), una pieza de danza no deja de tener un principio, un medio y un fin. Entonces que lo que vaya en el trasncurso de ese principio, medio y fin sea lo justo y necesario. Que sea coherente, entendiendo coherente como una integración a partir de considerar (y balancear si necesario) todos los elementos implicados: espacio, luces, objetos, escenografía, tiempo y, por supuesto, cuerpos en movimiento.

“Diez sugerencias para uso de un espacio escénico” es parte del Decálogo de Artistas Escénicos de la revista Entorno. También hay decálogos por otros gestores de la danza, movimiento y performance como Viveca Vázquez, Eduardo Alegría y Piso Proyecto.

 

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